
|
Pasando la prueba con la Palabra de Dios (Febrero 2010)
|
| por Notrix-InfoSistemas / Elías Tamez Esparza en 3/2/2010 09:54 hrs |
|
“Hermanos: Dichoso el hombre que sufre la tentación, porque después de superarla, recibirá en premio la corona de la vida, que Dios ha prometido a los que los aman.
Que nadie diga, cuando sufre una tentación, que es Dios el que lo tienta, porque Dios no puede ser tentado por el mal, ni pone él mismo a nadie en tentación. Más bien, cuando alguno es tentado, es su propia concupiscencia la que lo arrastra y lo seduce. La concupiscencia concibe y da a luz al pecado; y el pecado, cuando madura, engendra la muerte.
No se equivoquen, queridos hermanos: Todo beneficio y todo don perfecto viene de lo alto, del Creador de la luz, en quien no hay ni cambios ni sombras. Por su propia voluntad nos engendró por medio del Evangelio, para que fuéramos, en cierto modo, primicias de sus creaturas” (Sgo 1, 12-18).
ImageLa humanidad vive sumergida entre la constante lucha entre el bien y el mal. Percibimos cierto tipo de necesidades, anhelos, gustos, pensamientos, emociones y sentimientos que requieren por un lado, nuestro cuerpo carnal y por el otro, nuestro espíritu. Muy pocos están conscientes de esta lucha, por lo que la mayoría de las veces, las tentaciones no son plenamente identificadas, haciendo caer fácilmente en pecado a la persona.
El anhelo de libertad que los humanos sentimos, ha sido interpretado erróneamente por muchas personas, creyendo que la libertad se consigue simplemente ejerciendo su derecho a vivir como cada quien lo quiera, haciendo con su cuerpo lo que cada quien decida y practicado el sexo sin límites y sin respetar la naturaleza humana. Todas estas personas ignoran que el anhelo de libertad que siente la persona en su corazón, es un anhelo de regresar a la casa paterna al lado de Dios, desconociendo también que el camino correcto para lograrlo, lo marca Jesucristo con sus enseñanzas, su sacrificio de vida y su triunfo ante la muerte.
Para seguir pasando la prueba de la vida, es muy importante saber respetar la creación de Dios, nuestro planeta, nuestro cuerpo, nuestro sexo, y nuestra descendencia.
La sociedad se está dividiendo peligrosamente en todo el mundo, al grado de que muchos ya no piensan en sus necesidades espirituales y sólo se preocupan por satisfacer sus deseos y pasiones corporales; es decir, algunos buscan a Dios y lo ven de forma cercana y real, pero otros ni lo buscan, ni creen, ni se acercan para no tener que respetar las leyes divinas ni los valores fundamentales para el bienestar y el equilibrio en nuestra sociedad.
En el caso particular de la República Mexicana, la división entre los que tratan de estar cerca de Dios y que aceptan sus designios respetando la creación y las leyes divinas, y los que deciden ejercer una “libertad” basada en no respetar la creación, la naturaleza humana y las ley de Dios, no sólo han alcanzado a la sociedad, sino que además, la división se ha politizado peligrosamente. El gobierno federal encabezado por un partido de derecha, es visto por sus opositores de izquierda como un gobierno que “protege” a los que más tienen, que está de parte de la iglesia y que es extremadamente conservador en su pensamiento basado en el bien común de la sociedad. Los partidos de izquierda, tratando de aprovechar la polarización en la que ha caído la sociedad mexicana, han tratado de hacerse notar más, particularmente en la ciudad capital, promoviendo y aprobando leyes que van en contra de la vida, la moral, las buenas costumbres, la naturaleza y la familia.
En poco tiempo se han aprobado leyes que permiten el aborto, el aparente “matrimonio” entre personas del mismo sexo y el colmo es que con la posibilidad de poder adoptar niños.
Si una persona decide no respetar la creación, no creer en Dios ni aceptar sus leyes y no respetar su propio cuerpo, ya depende de él mismo cuando ha llegado a la edad adulta y debe saber aceptar las consecuencias; pero el exponer a un niño o niña, a que tenga un concepto erróneo de la familia, de su sexo y de la convivencia social, es un grave atentado contra la mente y el espíritu de la creatura.
Los partidos políticos que promueven este tipo de libertades, creen que su aparente amplitud de mente será reconocida por la sociedad y que les retribuirá muchos votos y poder en el futuro. Además de lo que han hecho en el Distrito Federal, están intentando extender esta ola de libertinaje legal al resto del país.
Da pena ver cómo festejaron muchas personas en el Distrito Federal cuando se aprobaron estas leyes, tanto la del aborto, como la de los matrimonios homosexuales con la opción de adoptar. En su alegría y euforia se ve claramente la oscuridad de su alma y el triunfo del mal en ellos. Los políticos que han maquinado estas leyes y que las han aprobado, llevan consigo una doble carga de culpa; por una parte debido a la acción que ellos realizaron, y por otra debido a promover y permitir el ejercicio de estas “libertades”.
Sabemos que la Iglesia Católica ha fijado su postura en contra de estas leyes, pero las autoridades actuales no toman en cuenta estas opiniones. También sabemos que ante los ojos de Dios, la observación de esto actos no serán ignorados ni quedarán impunes, no por el castigo que mande Dios, sino por la misma naturaleza humana que atenta contra sí misma.
El pueblo católico de Dios tiene ante estos hechos dos obligaciones. En primer lugar debe saber promover y convencer a la población, basándose en el Evangelio, del camino correcto que se debe tomar en la vida, la familia y la sociedad. En segundo lugar, debe saber protestar ante los promotores políticos de estas leyes, no volviendo a votar por esos partidos y esos políticos cuando en el futuro cercano aspiren a otros cargos públicos.
También, como pueblo católico de Dios, debemos saber pasar la prueba de la vida, rogándole a Dios por la salvación y la conversión de los hermanos alejados y que por alguna causa o motivo que ignoramos, el destino los inclinó al error de entender mal su sexualidad. Debemos voltear los ojos a Dios, para pedir por esos políticos que juegan a ser dios, legislando contra la vida y contra la naturaleza humana, para que comprendan su error histórico y el enorme pecado social y mortal que están cometiendo y que traten de corregir su atrocidad, siendo capaces de pedir perdón a Dios y a la sociedad.
La oración y la palabra son nuestra principal herramienta para tratar de hacer que todos hagan la voluntad de Dios y se arrepientan de sus errores. Qué gran decepción y tristeza debe sentir en su corazón la Santísima Virgen de Guadalupe, moradora de ésta región.
Oración por la Vida
(Del Venerable Juan Pablo II)
“Oh, María aurora del mundo nuevo. Madre de los vivientes a Ti confiamos la causa de la vida; mira, Madre, el número inmenso de niños a quienes se les impide nacer, de pobres a quienes se les hace difícil vivir, de hombres y mujeres víctimas de violencia inhumana, de ancianos y enfermos muertos a causa de la indiferencia o de una presunta piedad.
Haz que quienes creen en tu Hijo sepan anunciar con firmeza y amor a los hombres de nuestro tiempo, el Evangelio de la vida. Alcánzales la gracia de acogerlo como don siempre nuevo, la alegría de celebrarlo con gratitud durante toda su existencia y la valentía de testimoniarlo con solícita constancia, para construir, junto con todos los hombres de buena voluntad, la civilización de la verdad y del amor, para alabanza y gloria de Dios Creador y amante de la vida”.
|
|